TALLERES PARA LA PREVENCIÓN DE AGRESIONES SEXUALES A JÓVENES

 

Patrocinados por el Instituto Aragonés de la Mujer  (IAM) en colaboración con el Instituto Aragonés de la Juventud (IAJ)

Tras casi catorce años atendiendo víctimas de delitos sexuales y apreciando el aumento de los mismos, especialmente entre los jóvenes, se plantea la necesidad de intervenir, no solo para minimizar las consecuencias psicológicas que pueden dejar en las víctimas y sus allegados, sino actuar de cara a evitar, en la medida que sea posible, que se produzcan este tipo de delitos.

Un aspecto fundamental para evitar la desprotección que pueden tener los jóvenes ante este tipo de delitos pasa por la prevención. Es muy importante actuar correctamente cuando ya conocemos el delito. Sin embargo, es muy positivo trabajar cuando el delito todavía no ha ocurrido, favoreciéndose de esta forma el que se pueda evitar. La labor de prevención resulta más eficaz puesto que -de tener éxito- reduciría la incidencia de los casos de violencia sexual.

Es fundamental intervenir con aquellos jóvenes que, por su edad, pueden estar inmersos en más situaciones de riesgo, siendo la mayoría de las veces ellos poco conscientes de esa realidad.

Este proyecto se centra en la impartición de talleres dirigidos por psicólogas especializadas en delitos sexuales y pretende, de forma dinámica y participativa, eliminar falsas creencias respecto a este tipo de delitos, dar pautas para reconocer situaciones de riesgo y dar a conocer los pasos a seguir tras haber sufrido una agresión sexual o en caso de estar siendo víctima de abusos sexuales. Además, se incluyen aspectos relacionados con el respeto y la aceptación de los límites que juegan un importante papel en este tipo de delitos y conviene que los conozcan de cara a la prevención, tanto si son potenciales víctimas como potenciales agresores.


Cada vez más, el perfil de víctimas que nos estamos encontrando son chicas adolescentes que, forzadas por alguno de sus amigos o personas del entorno, se ven obligadas a realizar acciones de tipo sexual con las que no están de acuerdo. No se atreven a decir “no”. Debido a determinados mitos existentes en la sociedad y, transmitidos en muchas ocasiones a través de la educación, las series de televisión o de los medios de comunicación en general, piensan que “decir no” hará que las marginen, les insulten o no “destaquen como las demás”.

         Pero no sólo eso; en numerosas ocasiones, aun habiendo dicho claramente “no”, muchos jóvenes no respetan los límites marcados por ellas. Incluso en charlas y/o talleres como los que se presentan en este proyecto, nos hemos encontrado con numerosos comentarios realizados por jóvenes, en los que tanto ellos, como ellas, normalizan situaciones y comentarios en los que hay una clara falta de respeto a los deseos del otro. Y, en muchas ocasiones, llegan a justificar determinadas conductas delictivas haciendo alusión al comportamiento o a las provocaciones de la otra persona (“vestida de esa forma era lo que buscaba”, “si al principio aceptó es que quería”, “que no se hubiera ido con él”, etc.).

Con esta realidad, se hace necesaria la aplicación de los programas preventivos  a los chicos y chicas; no sólo como posibles víctimas, sino también como potenciales agresores, puesto que las posibilidades de rehabilitación con estos jóvenes, son mucho mayores que con los adultos.

Asimismo, las cifras de delitos sexuales van aumentando debido a los cambios tecnológicos que nos encontramos en nuestra sociedad. Las llamadas “redes sociales de internet” que consignan información personal de sus usuarios  se han convertido en la principal herramienta utilizada por personas que cometen delitos sexuales. En estos casos, las chicas están en una situación de mayor vulnerabilidad. Les piden fotos y datos personales que puede hacer que acaben en redes de prostitución así como que lleguen a ser víctimas de delitos como las agresiones sexuales. En la actualidad y desde nuestra entidad, nos encontramos con numerosos casos de jóvenes que han sido víctimas de este tipo de situaciones.

                Los jóvenes, no son conscientes de las numerosas situaciones de riesgo en las que se ven inmersos debido a muchos de los hábitos de ocio que se tienen en la actualidad (quedar con desconocidos, alcohol, drogas, difusión de imágenes a través de las redes…).

                No se trata de prohibir y hacer que dejen de relacionarse, de usar internet o de divertirse. Sin embargo, encontramos fundamental que los propios jóvenes conozcan este tipo de delitos, sepan identificar las situaciones de riesgo que se pueden encontrar y reciban pautas de respuesta para prevenir la exposición a estas situaciones de riesgo.

Este tipo de formación se hace especialmente necesaria con aquellas personas que presenten mayor vulnerabilidad debido a que presentan diversos factores de riesgo (determinadas minorías étnicas, jóvenes en situación de exclusión social, abandono, baja autoestima, pobres habilidades sociales, etc.). En ocasiones, la procedencia de diferentes culturas hace que el concepto que se tiene respecto a la sexualidad y respecto al papel que juega la mujer y el tipo de trato hacia ella, pueda influir negativamente. Es necesario diseñar programas de prevención que atiendan las características diferenciales de los grupos de riesgo identificados, ofreciéndoles herramientas preventivas. Se debe, con más motivo, potenciar los factores de protección sin que se les estigmatice y sin olvidar que este tipo de delitos y esta educación errónea que lleva consigo la falta de respeto a los límites así como los consecuentes delitos de tipo sexual, no dependen de un único factor y pueden darse en cualquier entorno.

Esto se puede conseguir a través de charlas y talleres de “Prevención de la violencia sexual” impartidas directamente a los jóvenes dentro de los centros de ocio, en las que se encuentran tanto chicos como chicas, y permite que aporten sus propias impresiones y experiencias.

En definitiva, es importante recordar que dentro de nuestro programa de prevención y detección de los delitos sexuales hay que trabajar los derechos de las víctimas para comprender la vulneración que supone un delito sexual y centrarse en la detección de situaciones de riesgo. Al mismo tiempo, se han de proporcionar los recursos personales, institucionales y sociales necesarios para actuar en caso de encontrarse en una situación de este tipo y poder actuar adecuadamente de cara a conseguir que las secuelas psicológicas que pueden producir no aparezcan, se minimicen lo máximo posible y, sobre todo, no se agraven ni cronifiquen.

Motivación y descripción de los talleres

Cada vez más, el perfil de víctimas que nos estamos encontrando son chicas adolescentes que, forzadas por alguno de sus amigos o personas del entorno, se ven obligadas a realizar acciones de tipo sexual con las que no están de acuerdo. No se atreven a decir “no”. Debido a determinados mitos existentes en la sociedad y, transmitidos en muchas ocasiones a través de la educación, las series de televisión o de los medios de comunicación en general, piensan que “decir no” hará que las marginen, les insulten o no “destaquen como las demás”.

         Pero no sólo eso; en numerosas ocasiones, aun habiendo dicho claramente “no”, muchos jóvenes no respetan los límites marcados por ellas. Incluso en charlas y/o talleres como los que se presentan en este proyecto, nos hemos encontrado con numerosos comentarios realizados por jóvenes, en los que tanto ellos, como ellas, normalizan situaciones y comentarios en los que hay una clara falta de respeto a los deseos del otro. Y, en muchas ocasiones, llegan a justificar determinadas conductas delictivas haciendo alusión al comportamiento o a las provocaciones de la otra persona (“vestida de esa forma era lo que buscaba”, “si al principio aceptó es que quería”, “que no se hubiera ido con él”, etc.).

Con esta realidad, se hace necesaria la aplicación de los programas preventivos  a los chicos y chicas; no sólo como posibles víctimas, sino también como potenciales agresores, puesto que las posibilidades de rehabilitación con estos jóvenes, son mucho mayores que con los adultos.

Asimismo, las cifras de delitos sexuales van aumentando debido a los cambios tecnológicos que nos encontramos en nuestra sociedad. Las llamadas “redes sociales de internet” que consignan información personal de sus usuarios  se han convertido en la principal herramienta utilizada por personas que cometen delitos sexuales. En estos casos, las chicas están en una situación de mayor vulnerabilidad. Les piden fotos y datos personales que puede hacer que acaben en redes de prostitución así como que lleguen a ser víctimas de delitos como las agresiones sexuales. En la actualidad y desde nuestra entidad, nos encontramos con numerosos casos de jóvenes que han sido víctimas de este tipo de situaciones.

                Los jóvenes, no son conscientes de las numerosas situaciones de riesgo en las que se ven inmersos debido a muchos de los hábitos de ocio que se tienen en la actualidad (quedar con desconocidos, alcohol, drogas, difusión de imágenes a través de las redes…).

                No se trata de prohibir y hacer que dejen de relacionarse, de usar internet o de divertirse. Sin embargo, encontramos fundamental que los propios jóvenes conozcan este tipo de delitos, sepan identificar las situaciones de riesgo que se pueden encontrar y reciban pautas de respuesta para prevenir la exposición a estas situaciones de riesgo.

                Hay que romper ciertos mitos y, sobre todo, hay que educar en la prevención a través de la transmisión de los valores de respeto, la no violencia en las relaciones personales, la tolerancia y la aceptación de los límites.

Este tipo de formación se hace especialmente necesaria con aquellas personas que presenten mayor vulnerabilidad debido a que presentan diversos factores de riesgo (determinadas minorías étnicas, jóvenes en situación de exclusión social, abandono, baja autoestima, pobres habilidades sociales, etc.). En ocasiones, la procedencia de diferentes culturas hace que el concepto que se tiene respecto a la sexualidad y respecto al papel que juega la mujer y el tipo de trato hacia ella, pueda influir negativamente. Es necesario diseñar programas de prevención que atiendan las características diferenciales de los grupos de riesgo identificados, ofreciéndoles herramientas preventivas. Se debe, con más motivo, potenciar los factores de protección sin que se les estigmatice y sin olvidar que este tipo de delitos y esta educación errónea que lleva consigo la falta de respeto a los límites así como los consecuentes delitos de tipo sexual, no dependen de un único factor y pueden darse en cualquier entorno.

Esto se puede conseguir a través de charlas y talleres de “Prevención de la violencia sexual” impartidas directamente a los jóvenes dentro de los centros de ocio, en las que se encuentran tanto chicos como chicas, y permite que aporten sus propias impresiones y experiencias.

En definitiva, es importante recordar que dentro de nuestro programa de prevención y detección de los delitos sexuales hay que trabajar los derechos de las víctimas para comprender la vulneración que supone un delito sexual y centrarse en la detección de situaciones de riesgo. Al mismo tiempo, se han de proporcionar los recursos personales, institucionales y sociales necesarios para actuar en caso de encontrarse en una situación de este tipo y poder actuar adecuadamente de cara a conseguir que las secuelas psicológicas que pueden producir no aparezcan, se minimicen lo máximo posible y, sobre todo, no se agraven ni cronifiquen.